LAS VÍBORAS…LOS NIÑOS YA NO JUEGAN CANICAS

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LOS NIÑOS YA NO JUEGAN CANICAS

Mientras las autoridades siguen presumiendo playas, atardeceres y récords de turistas, hay otro Vallarta que no sale en los folletos ni en las campañas de promoción turística. Un Vallarta donde ocho de cada diez estudiantes revisados por especialistas necesitan atención psicológica. Ocho de cada diez. No es un error de dedo, es una alarma que debería escucharse más fuerte que la música de los antros en el Malecón.

EXPERTOS EN EL TEMA

Resulta que los expertos del CECOSAMA fueron a revisar a 650 alumnos y encontraron lo que muchos prefieren no ver: ansiedad, depresión, ideas suicidas, intentos de suicidio y consumo de sustancias. La mitad de los casos relacionados con drogas y la otra mitad con problemas de salud mental. Un empate macabro que deja claro que algo se está rompiendo en la juventud vallartense.

ESCALOFRIANTE

Lo más escalofriante es que ya detectan niños iniciando el consumo de sustancias desde los nueve años. Nueve años. A esa edad algunos todavía creen en los Reyes Magos, pero aquí ya conocen el camino hacia el alcohol y algunos terminan encontrándose con el cristal, esa droga que arrasa familias completas más rápido que un huracán categoría cinco.

TODOS CONTRA TODOS

Y mientras tanto, la sociedad sigue jugando al escondite. Los padres culpando a los celulares, los celulares culpando a las redes sociales, las redes culpando al entorno y el entorno culpando a cualquiera que pase por enfrente. Todos tienen un poquito de razón y todos tienen un poquito de culpa.

NUESTRA DURA REALIDAD

Porque la realidad es incómoda: Puerto Vallarta no solo está creciendo en hoteles, condominios y desarrollos inmobiliarios. También está creciendo en soledad, ansiedad y desesperanza entre los más jóvenes. El problema es que una torre de veinte pisos se inaugura con mariachi, pero una depresión adolescente suele crecer en silencio.

SALUD EMOCIONAL

Y es que quizá llegó el momento de dejar de medir el éxito de la ciudad únicamente por la ocupación hotelera y empezar a medirlo también por la salud emocional de quienes viven aquí. Porque de nada sirve presumir que llegan millones de turistas si cada vez más muchachos sienten que no encuentran rumbo en su propia casa.

EMERGENCIA SOCIAL

Y cuidado. Porque cuando una ciudad normaliza que los niños empiecen a beber a los nueve años y que la depresión sea parte del paisaje cotidiano, ya no estamos hablando de un problema de salud pública. Estamos hablando de una emergencia social.

ADOLESCENTES

El paraíso donde nosotros vivimos, sigue siendo hermoso. El problema es que, detrás de la postal, cada vez hay más adolescentes pidiendo ayuda y menos adultos dispuestos a escuchar. Y esa sí que es una verdad que no cabe en ninguna foto para Instagram.

LOS NIÑOS YA NO JUEGAN CANICAS

Mientras las autoridades siguen presumiendo playas, atardeceres y récords de turistas, hay otro Vallarta que no sale en los folletos ni en las campañas de promoción turística. Un Vallarta donde ocho de cada diez estudiantes revisados por especialistas necesitan atención psicológica. Ocho de cada diez. No es un error de dedo, es una alarma que debería escucharse más fuerte que la música de los antros en el Malecón.

EXPERTOS EN EL TEMA

Resulta que los expertos del CECOSAMA fueron a revisar a 650 alumnos y encontraron lo que muchos prefieren no ver: ansiedad, depresión, ideas suicidas, intentos de suicidio y consumo de sustancias. La mitad de los casos relacionados con drogas y la otra mitad con problemas de salud mental. Un empate macabro que deja claro que algo se está rompiendo en la juventud vallartense.

ESCALOFRIANTE

Lo más escalofriante es que ya detectan niños iniciando el consumo de sustancias desde los nueve años. Nueve años. A esa edad algunos todavía creen en los Reyes Magos, pero aquí ya conocen el camino hacia el alcohol y algunos terminan encontrándose con el cristal, esa droga que arrasa familias completas más rápido que un huracán categoría cinco.

TODOS CONTRA TODOS

Y mientras tanto, la sociedad sigue jugando al escondite. Los padres culpando a los celulares, los celulares culpando a las redes sociales, las redes culpando al entorno y el entorno culpando a cualquiera que pase por enfrente. Todos tienen un poquito de razón y todos tienen un poquito de culpa.

NUESTRA DURA REALIDAD

Porque la realidad es incómoda: Puerto Vallarta no solo está creciendo en hoteles, condominios y desarrollos inmobiliarios. También está creciendo en soledad, ansiedad y desesperanza entre los más jóvenes. El problema es que una torre de veinte pisos se inaugura con mariachi, pero una depresión adolescente suele crecer en silencio.

SALUD EMOCIONAL

Y es que quizá llegó el momento de dejar de medir el éxito de la ciudad únicamente por la ocupación hotelera y empezar a medirlo también por la salud emocional de quienes viven aquí. Porque de nada sirve presumir que llegan millones de turistas si cada vez más muchachos sienten que no encuentran rumbo en su propia casa.

EMERGENCIA SOCIAL

Y cuidado. Porque cuando una ciudad normaliza que los niños empiecen a beber a los nueve años y que la depresión sea parte del paisaje cotidiano, ya no estamos hablando de un problema de salud pública. Estamos hablando de una emergencia social.

ADOLESCENTES

El paraíso donde nosotros vivimos, sigue siendo hermoso. El problema es que, detrás de la postal, cada vez hay más adolescentes pidiendo ayuda y menos adultos dispuestos a escuchar. Y esa sí que es una verdad que no cabe en ninguna foto para Instagram.