EL MUNDIAL DEL PUEBLO… PARA LOS QUE PUEDEN PAGARLO
Estamos a dos días de que arranque la fiesta futbolera más grande del planeta. México volverá a hacer historia al convertirse en el primer país en organizar tres Copas del Mundo. Nada mal para una nación que, mundial tras mundial, sigue persiguiendo el famoso quinto partido como quien persigue el camión después de que ya arrancó.
MUNDIAL DE TRES
Ahora sí que seremos anfitriones de lujo, aunque compartiendo la casa con los socios del T-MEC: Estados Unidos y Canadá. Porque en estos tiempos hasta los mundiales vienen en paquete trinacional.
SI HICIMOS LA TAREA
Y mientras la FIFA presume estadios, drones, espectáculos y millones de espectadores, acá en México podemos presumir algo igual de importante: Guadalajara sí hizo la tarea.
Mientras en Ciudad de México y Monterrey todavía andan parchando detalles y apagando fuegos organizativos, en Jalisco las obras llegaron a tiempo. El aeropuerto está listo, el transporte público también, la movilidad funciona y hasta se encontró una solución para el enredo de las vehiculares de plataforma.
FUERON LOS FEDERALES
Porque no faltó el detalle surrealista: las autoridades federales decidieron que los pasajeros no podían abordar libremente un Uber, DiDi o InDriver en el aeropuerto. Una ocurrencia digna de un partido amistoso entre la burocracia y el sentido común. Al final, el gobierno estatal encontró una salida para evitar que los visitantes terminaran caminando con sus maletas por media ciudad.
PRECIOS INALCANZABLES
Pero mientras los gobiernos resolvían problemas de movilidad, la FIFA se encargó de crear otro mucho más complicado: el acceso al propio Mundial.
Porque una cosa es organizar una fiesta y otra muy distinta es invitar a la gente.
NO ERA PARA EL PUEBLO
Los boletos alcanzaron precios que para muchos mexicanos resultan tan lejanos como una final mundialista para la Selección Nacional. Lo que se suponía era una celebración popular terminó convirtiéndose en un espectáculo reservado para quienes tienen una tarjeta bancaria con más poder ofensivo que cualquier delantero mexicano.
JERSEY ORIGINAL O PIRATA
Y ni hablar de las camisetas oficiales. Las hay desde los 2 mil 500 hasta los 5 mil pesos. Es decir, ponerse la verde oficial puede costar más que una despensa completa para muchas familias.
Por eso los mercados, los tianguis y los comerciantes ambulantes volverán a convertirse en los verdaderos patrocinadores del pueblo. Ahí aparecerá la camiseta “alternativa”, “inspirada”, “versión económica” o, siendo honestos, la pirata de toda la vida, que por 250 o 600 pesos permite gritar los goles con el mismo entusiasmo.
¿Y TODO PARA QUÉ?
Porque aquí vale la pregunta incómoda: ¿Para qué organizar un Mundial si la mayoría de la población no puede comprar un boleto ni una camiseta oficial? La respuesta es sencilla: porque el negocio no es del aficionado. El negocio es de la FIFA.
LAS GANANCIAS
Las ganancias viajarán de regreso a Suiza con la misma velocidad con la que desaparecen los boletos de las plataformas oficiales.
Y para quienes pensaban que la televisión sería el refugio de los mortales, tampoco hay tantas buenas noticias. Cada vez más partidos terminan en sistemas de paga, plataformas exclusivas o servicios de suscripción.
LUJO DE UNOS CUANTOS
Así que el deporte más popular del planeta se ha convertido, poco a poco, en un lujo para muchos.
El fútbol nació en la calle, creció en los barrios y conquistó al pueblo. Pero parece que algunos olvidaron quién llenó los estadios antes de que existieran los palcos VIP.
ANTES DE PAGAR EL JERSEY
Por lo pronto, el próximo 11 de junio México tendrá su partido inaugural frente a Sudáfrica. Comenzará una nueva ilusión nacional, esa que cada cuatro años nos convence de que ahora sí, ahora sí es la buena. Suerte a la Selección.
Y si no llegamos al quinto partido, al menos que no nos eliminen antes de terminar de pagar la camiseta.

