LAS VÍBORAS…CUANDO EL PAN SEPINTÓ DE NARANJA

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CUANDO EL PAN SE
PINTÓ DE NARANJA

Para entender la política de Puerto Vallarta hay que tener buena memoria, paciencia… y, de preferencia, una calculadora para llevar las cuentas de cuántas veces algunos políticos han cambiado de camiseta.
Porque aquí, -querido lector- la lealtad partidista a veces dura menos que una campaña electoral.
Y para entender cómo nació esa curiosa criatura política que hoy conocemos como Movimiento Ciudadano en tierras vallartenses, hay que regresar unos cuantos años, cuando el PAN todavía era azul y los naranjas todavía no habían descubierto que ese color podía combinar perfectamente con el pragmatismo político.

VARIAS HERIDAS

La historia tiene varios capítulos. Uno de ellos tiene como protagonista a Ramón Guerrero Martínez, quien se encontró en una contienda prácticamente pública con el contador Humberto Muñoz Vargas.
La elección terminó dejando heridas y, sobre todo, interpretaciones distintas sobre quién había ganado.
Y cuando la política interna se convierte en aquello de “si no me quieren aquí, ya encontraré dónde sí”, Ramón Guerrero, el popular “mochilas” terminó mirando hacia otro lado. Y ese otro lado tenía color naranja.

PERO PRIMERO

Ahí apareció Enrique Alfaro Ramírez, quien, por cierto, ya había puesto sus ojos en otro personaje para la candidatura a la Presidencia Municipal: Andrés González Palomera, priista de viejo cuño. Pero esa es otra historia.

Porque mientras unos llegaban por la puerta principal, otros ya estaban descubriendo que en política también existen puertas laterales… y hasta salidas de emergencia.

PAN-MC

Y así comenzó a cocinarse una alianza que, oficialmente, quizá no llevaba ese nombre, pero políticamente tenía todos los ingredientes.
El panismo del gobernador Emilio González Márquez comenzó a encontrarse con el naciente Movimiento Ciudadano.
Y no precisamente en una cafetería para hablar de política. No.
Ahí comenzaron a circular nombres, acuerdos, coincidencias y personajes que terminarían brincando de un lado a otro del tablero.

LOS PERSONAJES

Algunos personajes, entre ellos estuvieron figuras de peso como Gerardo Esquer, Diego Monraz Villaseñor y José Manuel Romo Parra.
Diego Monraz, por ejemplo, primero fue oficial mayor en Zapopan y posteriormente terminó incorporado a la nómina estatal.
Porque ya sabemos que en política hay currículums que parecen pasaportes: sirven para viajar de administración en administración.

AHÍ EMERGIERON

También hubo personajes con menor peso específico, pero que formaron parte de aquel movimiento de piezas.
Ahí aparece Antonio Pinto, quien fue secretario del Ayuntamiento vallartense.
Y también Eugenio González Márquez, quien primero llegó al PAN y posteriormente terminó integrado a Movimiento Ciudadano.

HASTA LLEGAR

Y entre aquellos nombres aparece otro que hoy vuelve a cobrar relevancia… Diego Franco Jiménez.
El mismo que ahora se perfila como uno de los personajes de Movimiento Ciudadano para buscar la Presidencia Municipal de Puerto Vallarta, pensará el lector: ¿Coincidencia?…no creo, porque en política, queridos lectores, las coincidencias son como los unicornios: todos hablan de ellas, pero casi nadie las ha visto.
Y para completar el cuadro hay que recordar otro episodio.

ALIANZA DE FACTO

Emilio González Márquez y Enrique Alfaro Ramírez terminaron teniendo una alianza de facto en 2012.
El objetivo era muy sencillo: no respaldar a Fernando Guzmán Pérez Peláez, candidato panista a la gubernatura de Jalisco.
Y mientras el PAN se hacía bolas con sus propios demonios, el PRI aprovechaba la oportunidad.
El priista Jorge Aristóteles Sandoval Díaz terminó imponiéndose en aquella elección.
Aristóteles tenía algo que en política vale oro…carisma.
Porque Enrique Alfaro, hay que decirlo con cariño y sin ganas de provocar una demanda, no era precisamente el candidato que entraba a un salón repartiendo abrazos.
Tenía aquella expresión facial que parecía decir:“buenos días… y no me hagan perder el tiempo”.
El resultado fue historia…Pero la política también lo es. Porque mientras unos perdían elecciones, otros aprendían algo mucho más importante: que los partidos son importantes… hasta que dejan de serlo para alcanzar el poder.
Y ahí está la verdadera enseñanza de todo este enredo.

LA CLASE POLITICA

El PAN no necesariamente “murió” en Vallarta.
Más bien, buena parte de su clase política comenzó a migrar. Algunos se fueron al naranja, otros terminaron colaborando con gobiernos emanados de otros partidos.
Y algunos descubrieron esa maravillosa doctrina política que podríamos llamar: “yo sigo siendo el mismo, solamente cambié de partido”.
¡Ah, qué maravilla! Eso de la ideología es como el guardarropa: se cambia según la temporada. Hoy azul. Mañana naranja. Pasado mañana quién sabe.
Y si las encuestas se ponen feas, siempre queda el comodín de decir: “yo nunca he sido de partidos; soy ciudadano”. ¡Claro! Y yo soy astronauta.
Lo verdaderamente interesante es que aquella vieja historia de alianzas, rupturas, traiciones y migraciones partidistas vuelve a cobrar vigencia.

CAMBIAN DE CHAQUETA

Porque los personajes cambian de camisa, pero el tablero sigue siendo prácticamente el mismo.
Por eso, cuando nos digan que una nueva alianza es “inédita”, habrá que sacar el álbum familiar.
Cuando nos digan que dos partidos son enemigos irreconciliables, habrá que revisar quiénes fueron compadres políticos hace unos años.
Y cuando aparezca un candidato prometiendo que representa una nueva generación, habrá que preguntarle: ¿nueva generación… o nueva versión?
Porque en Puerto Vallarta la política tiene una peculiaridad: los partidos y los nombres cambian de color y de discurso; pero muchas veces los apellidos siguen siendo los mismos. Ahí tenemos el caso de Gerardo López Villaseñor, quien fuera candidato por el PRI a la diputación local y hoy emigra a Movimiento Ciudadano.
Y quizá ahí está la verdadera reflexión, el ciudadano no debería preguntarse solamente de qué partido viene un candidato. Debería preguntarse: ¿Dónde estaba cuando tuvo que tomar decisiones?
¿A quién apoyó cuando no había elecciones?
¿Qué defendió cuando defenderlo no le daba votos?
Y, sobre todo, cuántas veces cambió de camiseta antes de pedirnos que confiemos en él?

ESO YA NO ES “TRAICIÓN”

Porque cambiar de partido no necesariamente es traición.
A veces puede ser congruencia con una nueva convicción.
Pero cuando el único hilo conductor es la posibilidad de conservar o alcanzar el poder…
entonces no estamos hablando de ideología.
Estamos hablando de supervivencia política.
Y esa, queridos lectores, sí que es una especie que en Puerto Vallarta… goza de excelente salud. Hasta la próxima mordida.

CUANDO EL PAN SE
PINTÓ DE NARANJA

Para entender la política de Puerto Vallarta hay que tener buena memoria, paciencia… y, de preferencia, una calculadora para llevar las cuentas de cuántas veces algunos políticos han cambiado de camiseta.
Porque aquí, -querido lector- la lealtad partidista a veces dura menos que una campaña electoral.
Y para entender cómo nació esa curiosa criatura política que hoy conocemos como Movimiento Ciudadano en tierras vallartenses, hay que regresar unos cuantos años, cuando el PAN todavía era azul y los naranjas todavía no habían descubierto que ese color podía combinar perfectamente con el pragmatismo político.

VARIAS HERIDAS

La historia tiene varios capítulos. Uno de ellos tiene como protagonista a Ramón Guerrero Martínez, quien se encontró en una contienda prácticamente pública con el contador Humberto Muñoz Vargas.
La elección terminó dejando heridas y, sobre todo, interpretaciones distintas sobre quién había ganado.
Y cuando la política interna se convierte en aquello de “si no me quieren aquí, ya encontraré dónde sí”, Ramón Guerrero, el popular “mochilas” terminó mirando hacia otro lado. Y ese otro lado tenía color naranja.

PERO PRIMERO

Ahí apareció Enrique Alfaro Ramírez, quien, por cierto, ya había puesto sus ojos en otro personaje para la candidatura a la Presidencia Municipal: Andrés González Palomera, priista de viejo cuño. Pero esa es otra historia.

Porque mientras unos llegaban por la puerta principal, otros ya estaban descubriendo que en política también existen puertas laterales… y hasta salidas de emergencia.

PAN-MC

Y así comenzó a cocinarse una alianza que, oficialmente, quizá no llevaba ese nombre, pero políticamente tenía todos los ingredientes.
El panismo del gobernador Emilio González Márquez comenzó a encontrarse con el naciente Movimiento Ciudadano.
Y no precisamente en una cafetería para hablar de política. No.
Ahí comenzaron a circular nombres, acuerdos, coincidencias y personajes que terminarían brincando de un lado a otro del tablero.

LOS PERSONAJES

Algunos personajes, entre ellos estuvieron figuras de peso como Gerardo Esquer, Diego Monraz Villaseñor y José Manuel Romo Parra.
Diego Monraz, por ejemplo, primero fue oficial mayor en Zapopan y posteriormente terminó incorporado a la nómina estatal.
Porque ya sabemos que en política hay currículums que parecen pasaportes: sirven para viajar de administración en administración.

AHÍ EMERGIERON

También hubo personajes con menor peso específico, pero que formaron parte de aquel movimiento de piezas.
Ahí aparece Antonio Pinto, quien fue secretario del Ayuntamiento vallartense.
Y también Eugenio González Márquez, quien primero llegó al PAN y posteriormente terminó integrado a Movimiento Ciudadano.

HASTA LLEGAR

Y entre aquellos nombres aparece otro que hoy vuelve a cobrar relevancia… Diego Franco Jiménez.
El mismo que ahora se perfila como uno de los personajes de Movimiento Ciudadano para buscar la Presidencia Municipal de Puerto Vallarta, pensará el lector: ¿Coincidencia?…no creo, porque en política, queridos lectores, las coincidencias son como los unicornios: todos hablan de ellas, pero casi nadie las ha visto.
Y para completar el cuadro hay que recordar otro episodio.

ALIANZA DE FACTO

Emilio González Márquez y Enrique Alfaro Ramírez terminaron teniendo una alianza de facto en 2012.
El objetivo era muy sencillo: no respaldar a Fernando Guzmán Pérez Peláez, candidato panista a la gubernatura de Jalisco.
Y mientras el PAN se hacía bolas con sus propios demonios, el PRI aprovechaba la oportunidad.
El priista Jorge Aristóteles Sandoval Díaz terminó imponiéndose en aquella elección.
Aristóteles tenía algo que en política vale oro…carisma.
Porque Enrique Alfaro, hay que decirlo con cariño y sin ganas de provocar una demanda, no era precisamente el candidato que entraba a un salón repartiendo abrazos.
Tenía aquella expresión facial que parecía decir:“buenos días… y no me hagan perder el tiempo”.
El resultado fue historia…Pero la política también lo es. Porque mientras unos perdían elecciones, otros aprendían algo mucho más importante: que los partidos son importantes… hasta que dejan de serlo para alcanzar el poder.
Y ahí está la verdadera enseñanza de todo este enredo.

LA CLASE POLITICA

El PAN no necesariamente “murió” en Vallarta.
Más bien, buena parte de su clase política comenzó a migrar. Algunos se fueron al naranja, otros terminaron colaborando con gobiernos emanados de otros partidos.
Y algunos descubrieron esa maravillosa doctrina política que podríamos llamar: “yo sigo siendo el mismo, solamente cambié de partido”.
¡Ah, qué maravilla! Eso de la ideología es como el guardarropa: se cambia según la temporada. Hoy azul. Mañana naranja. Pasado mañana quién sabe.
Y si las encuestas se ponen feas, siempre queda el comodín de decir: “yo nunca he sido de partidos; soy ciudadano”. ¡Claro! Y yo soy astronauta.
Lo verdaderamente interesante es que aquella vieja historia de alianzas, rupturas, traiciones y migraciones partidistas vuelve a cobrar vigencia.

CAMBIAN DE CHAQUETA

Porque los personajes cambian de camisa, pero el tablero sigue siendo prácticamente el mismo.
Por eso, cuando nos digan que una nueva alianza es “inédita”, habrá que sacar el álbum familiar.
Cuando nos digan que dos partidos son enemigos irreconciliables, habrá que revisar quiénes fueron compadres políticos hace unos años.
Y cuando aparezca un candidato prometiendo que representa una nueva generación, habrá que preguntarle: ¿nueva generación… o nueva versión?
Porque en Puerto Vallarta la política tiene una peculiaridad: los partidos y los nombres cambian de color y de discurso; pero muchas veces los apellidos siguen siendo los mismos. Ahí tenemos el caso de Gerardo López Villaseñor, quien fuera candidato por el PRI a la diputación local y hoy emigra a Movimiento Ciudadano.
Y quizá ahí está la verdadera reflexión, el ciudadano no debería preguntarse solamente de qué partido viene un candidato. Debería preguntarse: ¿Dónde estaba cuando tuvo que tomar decisiones?
¿A quién apoyó cuando no había elecciones?
¿Qué defendió cuando defenderlo no le daba votos?
Y, sobre todo, cuántas veces cambió de camiseta antes de pedirnos que confiemos en él?

ESO YA NO ES “TRAICIÓN”

Porque cambiar de partido no necesariamente es traición.
A veces puede ser congruencia con una nueva convicción.
Pero cuando el único hilo conductor es la posibilidad de conservar o alcanzar el poder…
entonces no estamos hablando de ideología.
Estamos hablando de supervivencia política.
Y esa, queridos lectores, sí que es una especie que en Puerto Vallarta… goza de excelente salud. Hasta la próxima mordida.