“VIRTUDES PÚBLICAS Y VICIOS PRIVADOS”
Puerto Vallarta volvió a vestirse de colores el pasado jueves 21 de mayo con motivo del famoso “Pride”, ese desfile donde abundan los carros alegóricos, la música a todo volumen, los turistas felices… y uno que otro que ya no sabe si anda en carnaval, en antro o en competencia internacional de poca ropa.
¿LIBERTAD… O LIBERTINAJE?
Y aquí viene la pregunta incómoda que muchos alzan en voz baja mientras otros prefieren callar para que no los crucifiquen en redes sociales: una cosa es libertad… y otra muy distinta libertinaje
NADIE PUEDE NEGARLO
Porque nadie puede negar que el llamado turismo LGBT deja una derrama económica importante en el puerto. Hoteles llenos, bares hasta el tope, restaurantes trabajando a marchas forzadas y taxistas haciendo agosto en mayo. El comercio sonríe y el dólar circula como agua bendita en Semana Santa.
Pero tampoco se puede negar que para una gran parte de la población vallartense, el asunto ya empezó a brincar de la tolerancia al exceso.
Y ojo: aquí nadie está hablando de perseguir a nadie ni de meterse en la vida privada de las personas. Cada quien hace de su cama un circo, un templo o un comité ejecutivo, según sus gustos y posibilidades. Bien decía mi padre: “virtudes públicas y vicios privados”.
DESFILE DE COLORES
El problema no es el desfile. Eso hasta colorido resulta. Ver los carros alegóricos, las comparsas y el ambiente festivo puede formar parte de una convivencia plural. El detalle empieza cuando algunos confunden inclusión con exhibicionismo y creen que la vía pública es extensión del antro después de las tres de la mañana.
ESPECTÁCULO
Porque una cosa es celebrar y otra montar espectáculos al aire libre que muchas familias consideran excesivos. Vallarta es turístico, sí… pero también sigue siendo hogar de miles de familias tradicionales que todavía se persignan cuando ven más carne que en carnicería de oferta.
EL USO DE ESPACIOS
Y luego viene la otra parte del debate: el uso de espacios públicos y símbolos oficiales para promover una agenda ideológica.
Que si las banderas del orgullo colgadas en edificios públicos…
Que si el famoso “cabildo gay”…
Que si los pasos peatonales pintados con los colores del movimiento…
Y ahí es donde muchos ciudadanos sienten que el gobierno deja de representar a todos para convertirse en activista de un solo sector.
GOBIERNO, PARA TODOS
Porque una administración pública debe gobernar para todos: creyentes, conservadores, liberales, heterosexuales, homosexuales y hasta los que todavía no saben ni qué quieren pero ya opinan en Facebook.
La tolerancia no debería convertirse en imposición. Ni tampoco el respeto tendría que obligar a la gente a aplaudir todo lo que ve.
ABIERTOS Y SOLIDARIOS
Puerto Vallarta siempre ha sido un destino abierto, alegre y hospitalario. Nadie discute eso. Pero también es cierto que la convivencia exige límites, prudencia y sentido común. Porque cuando cualquier grupo —sea político, religioso o sexual— pretende adueñarse del espacio público y convertirlo en plataforma ideológica permanente, entonces el debate deja de ser inclusión y empieza a parecer imposición disfrazada de modernidad.
YA CRUZAMOS
Al final, la gran pregunta sigue reptando entre las calles del puerto, como buena víbora venenosa:¿Estamos defendiendo libertades… o ya cruzamos la delgada línea del libertinaje?



