LAS VÍBORAS…ENTRE QUERER Y PODER

ENTRE QUERER Y PODER

Me decía el licenciado Ezequiel González Hernández, que “entre querer y poder” había una enorme distancia. Hay sucesiones políticas que parecen caminar por una alfombra y otras que avanzan sobre un campo minado. Y aunque Puerto Vallarta y Bahía de Banderas comparten la misma bahía, el mismo río Ameca y hasta los mismos dolores de cabeza cuando se habla de agua, basura y movilidad, en materia política el panorama rumbo a 2027 comienza a pintar de manera muy distinta.

LA BARAJA 

En Bahía de Banderas, Nayarit, todo apunta a que la sucesión podría transitar por la ruta de la disciplina y los acuerdos; en Puerto Vallarta, Jalisco, el ambiente amenaza con ponerse color de hormiga.

¡Y eso que apenas estamos calentando motores!

Del otro lado del río Ameca, Morena ya tiene varios nombres sobre la mesa. Lía Castro y Daniela Sahagún hicieron públicas sus aspiraciones, mientras Héctor Santana dejó abierta la posibilidad de buscar la reelección. La decisión final, sin embargo, todavía está en manos del partido y de sus mecanismos internos.

UNA COSA ES…

En Bahía hay intereses, claro que los hay. Nadie se mete a la política para coleccionar fotografías y repartir sonrisas. Pero una cosa es competir y otra convertir la competencia en una guerra sin cuartel. Si los grupos entienden que el movimiento necesita acuerdos para conservar la unidad, el proceso podría desarrollarse sin mayores sobresaltos.

Pero que nadie confunda una aparente calma con una sucesión resuelta. Todavía falta conocer las decisiones partidistas y observar cómo reaccionarán quienes no resulten favorecidos.

MÁS ENREDADO 

Ahora crucemos el río: En Puerto Vallarta, el escenario parece bastante más enredado. Morena cerró su registro para la coordinación municipal con varios aspirantes que buscan colocarse en la línea de salida rumbo a 2027. Entre los nombres que han hecho pública su participación están Ra Aguilar, Bruno Blancas, Pepe Martínez, Juan Carlos Castro Almaguer y Yussara Canales.

Y eso es solamente una parte del tablero.

NUEVAS VARIABLES

A las aspiraciones morenistas se suman los movimientos de otros actores políticos, los intereses de los distintos grupos y la incógnita de quiénes terminarán compitiendo bajo otras siglas. La eventual participación de figuras como Melissa Madero y los movimientos de los partidos opositores pueden añadir nuevas variables a una contienda que todavía tiene muchos capítulos por escribirse.

Aquí el asunto no es solamente quién quiere sentarse en la silla principal del Ayuntamiento. La verdadera pregunta es cuántos estarán dispuestos a cerrar filas cuando llegue la hora de las definiciones y cuántos preferirán llevarse sus canicas a otra mesa.

HABLAN DE UNIDAD

Porque en política todos hablan de unidad cuando creen que pueden ganar; la prueba de fuego llega cuando el resultado no les favorece.

Y Puerto Vallarta tiene, además, una circunstancia que no debe perderse de vista: Morena perdió la elección municipal anterior frente a Movimiento Ciudadano. Por eso, la disputa interna no sólo gira alrededor de los nombres, sino también de cómo construir una candidatura capaz de competir por el gobierno municipal.

Mientras tanto, los demás partidos tendrán que decidir si presentan proyectos propios, construyen alianzas o esperan a que las diferencias ajenas les abran una oportunidad.

En Bahía, la apuesta podría ser la disciplina; en Vallarta, el reto será evitar que las ambiciones terminen convertidas en fracturas. Son escenarios todavía abiertos, pero con suficientes piezas en movimiento para mantener entretenida a la fauna política de ambos márgenes del Ameca.

UNA COSA ES…

Y aquí viene la reflexión de la víbora: una cosa es querer gobernar un municipio y otra muy distinta conseguir que todos los que también quieren gobernarlo acepten las reglas del juego.

Porque la sucesión de 2027 no se decidirá únicamente con registros, fotografías, reuniones ni declaraciones de amor partidista. También contará la capacidad de negociar, respetar los resultados y convencer a una ciudadanía que, al final, es la que tiene la última palabra.

En Bahía todavía pueden apostar por la calma. En Vallarta, más vale que algunos vayan buscando una buena dosis de paciencia, porque entre aspirantes, padrinos, grupos y posibles alianzas, la procesión apenas comienza.

Y como dicen por ahí: el río Ameca divide dos estados, pero la ambición política no conoce fronteras.

¡Hasta la próxima, mis víboras!

miércoles, octubre 21, 2026
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ENTRE QUERER Y PODER

Me decía el licenciado Ezequiel González Hernández, que “entre querer y poder” había una enorme distancia. Hay sucesiones políticas que parecen caminar por una alfombra y otras que avanzan sobre un campo minado. Y aunque Puerto Vallarta y Bahía de Banderas comparten la misma bahía, el mismo río Ameca y hasta los mismos dolores de cabeza cuando se habla de agua, basura y movilidad, en materia política el panorama rumbo a 2027 comienza a pintar de manera muy distinta.

LA BARAJA 

En Bahía de Banderas, Nayarit, todo apunta a que la sucesión podría transitar por la ruta de la disciplina y los acuerdos; en Puerto Vallarta, Jalisco, el ambiente amenaza con ponerse color de hormiga.

¡Y eso que apenas estamos calentando motores!

Del otro lado del río Ameca, Morena ya tiene varios nombres sobre la mesa. Lía Castro y Daniela Sahagún hicieron públicas sus aspiraciones, mientras Héctor Santana dejó abierta la posibilidad de buscar la reelección. La decisión final, sin embargo, todavía está en manos del partido y de sus mecanismos internos.

UNA COSA ES…

En Bahía hay intereses, claro que los hay. Nadie se mete a la política para coleccionar fotografías y repartir sonrisas. Pero una cosa es competir y otra convertir la competencia en una guerra sin cuartel. Si los grupos entienden que el movimiento necesita acuerdos para conservar la unidad, el proceso podría desarrollarse sin mayores sobresaltos.

Pero que nadie confunda una aparente calma con una sucesión resuelta. Todavía falta conocer las decisiones partidistas y observar cómo reaccionarán quienes no resulten favorecidos.

MÁS ENREDADO 

Ahora crucemos el río: En Puerto Vallarta, el escenario parece bastante más enredado. Morena cerró su registro para la coordinación municipal con varios aspirantes que buscan colocarse en la línea de salida rumbo a 2027. Entre los nombres que han hecho pública su participación están Ra Aguilar, Bruno Blancas, Pepe Martínez, Juan Carlos Castro Almaguer y Yussara Canales.

Y eso es solamente una parte del tablero.

NUEVAS VARIABLES

A las aspiraciones morenistas se suman los movimientos de otros actores políticos, los intereses de los distintos grupos y la incógnita de quiénes terminarán compitiendo bajo otras siglas. La eventual participación de figuras como Melissa Madero y los movimientos de los partidos opositores pueden añadir nuevas variables a una contienda que todavía tiene muchos capítulos por escribirse.

Aquí el asunto no es solamente quién quiere sentarse en la silla principal del Ayuntamiento. La verdadera pregunta es cuántos estarán dispuestos a cerrar filas cuando llegue la hora de las definiciones y cuántos preferirán llevarse sus canicas a otra mesa.

HABLAN DE UNIDAD

Porque en política todos hablan de unidad cuando creen que pueden ganar; la prueba de fuego llega cuando el resultado no les favorece.

Y Puerto Vallarta tiene, además, una circunstancia que no debe perderse de vista: Morena perdió la elección municipal anterior frente a Movimiento Ciudadano. Por eso, la disputa interna no sólo gira alrededor de los nombres, sino también de cómo construir una candidatura capaz de competir por el gobierno municipal.

Mientras tanto, los demás partidos tendrán que decidir si presentan proyectos propios, construyen alianzas o esperan a que las diferencias ajenas les abran una oportunidad.

En Bahía, la apuesta podría ser la disciplina; en Vallarta, el reto será evitar que las ambiciones terminen convertidas en fracturas. Son escenarios todavía abiertos, pero con suficientes piezas en movimiento para mantener entretenida a la fauna política de ambos márgenes del Ameca.

UNA COSA ES…

Y aquí viene la reflexión de la víbora: una cosa es querer gobernar un municipio y otra muy distinta conseguir que todos los que también quieren gobernarlo acepten las reglas del juego.

Porque la sucesión de 2027 no se decidirá únicamente con registros, fotografías, reuniones ni declaraciones de amor partidista. También contará la capacidad de negociar, respetar los resultados y convencer a una ciudadanía que, al final, es la que tiene la última palabra.

En Bahía todavía pueden apostar por la calma. En Vallarta, más vale que algunos vayan buscando una buena dosis de paciencia, porque entre aspirantes, padrinos, grupos y posibles alianzas, la procesión apenas comienza.

Y como dicen por ahí: el río Ameca divide dos estados, pero la ambición política no conoce fronteras.

¡Hasta la próxima, mis víboras!