NOS ESTAMOS QUEDANDO SIN AIRE
Mientras en Puerto Vallarta algunos ya andan sacando la calculadora política para ver quién se queda con el poder durante los próximos tres años, la ciudad real —esa que no cabe en los discursos, ni en las fotografías de campaña— sigue librando otra batalla, mucho más silenciosa y bastante más peligrosa: la batalla por sobrevivir económicamente.
Porque mientras unos se pelean por la silla, la ciudad se pelea por no perder los negocios.
LAS SEÑALES
Puerto Vallarta no ha tenido precisamente un camino de rosas. Desde el año pasado comenzaron a aparecer señales de enfriamiento económico. El turismo, que durante años fue nuestro salvavidas, empezó a mostrar algunas grietas.
El negocio de bienes raíces aguantó un poco más, porque ya sabemos que en Vallarta hasta las piedras terminan vendiéndose con vista al mar.
Pero llegó el 22 de febrero. Y aquello fue como echarle otra piedra al enfermo.
Los hechos violentos registrados ese día, derivados de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, provocaron una sacudida que no solamente se sintió en la seguridad. El golpe alcanzó al comercio, al turismo, a las rentas, a los bienes raíces y, en general, a la confianza.
LA CONFIANZA
Y cuando la confianza se pierde, hasta el que trae dinero en la cartera empieza a guardarla.
Primero vimos las tiendas de conveniencia afectadas. Oxxo, Kiosko y otros negocios sintieron las consecuencias. Pero el problema no terminó ahí.
Las ventas de propiedades comenzaron a resentirlo. Las rentas también.
LAS VENTAS Y LAS RENTAS
Los departamentos dejaron de moverse como antes.
Las habitaciones comenzaron a quedarse vacías.
Y el famoso Airbnb, que durante un tiempo parecía la gallina de los huevos de oro, también empezó a descubrir que hasta las gallinas se cansan de poner.
Lo verdaderamente preocupante es que esto ya no parece un problema aislado.
Basta con caminar por Puerto Vallarta y mirar los locales comerciales que antes tenían movimiento y hoy lucen con el letrero de “se renta”. Plaza Caracol es apenas una muestra visible de algo que se está repitiendo en diferentes puntos de la ciudad.
Y aquí aparece la pregunta que nadie quiere contestar:¿cuánto tiempo puede aguantar un pequeño empresario pagando renta, nómina, impuestos, servicios y proveedores cuando las ventas ya no alcanzan?
ENCRUCIJADA
Porque llega un momento en que la disyuntiva deja de ser económica y se convierte en una tragedia empresarial: ¿pago la renta o pago los sueldos?
Y cuando un negocio cierra, no solamente desaparece un establecimiento, se pierde el empleo de una familia, se deja de pagar a un proveedor, se reduce el consumo. El propietario del inmueble deja de recibir renta.
Y la cadena continúa hasta que todos terminamos preguntándonos quién fue el que apagó la luz.
HERMANOS SIAMESES
Lo más delicado es que Puerto Vallarta y Bahía de Banderas son dos municipios que podrán tener presidentes municipales diferentes, partidos diferentes y hasta pleitos políticos diferentes, pero económicamente son prácticamente hermanos siameses.
Aquí no funciona aquello de “lo que le pase al vecino no es asunto mío”.
Si Vallarta se enferma, Bahía de Banderas comienza a toser.
Y si Bahía se resfría, Vallarta termina buscando el Vick VapoRub.
Porque compartimos turismo, trabajadores, vivienda, comercio, transporte, servicios y una economía que cruza diariamente el río Ameca sin pedir pasaporte.
MEJOR PREGÚNTENSE
Por eso quizá sería bueno que quienes hoy andan preocupados por saber quién va a gobernar los próximos tres años, comenzaran también a preguntarse qué ciudad van a recibir si no hacemos algo desde ahora.
Porque gobernar no será solamente inaugurar calles, tomarse la fotografía, repartir abrazos o presumir obras.
También será necesario recuperar la confianza.
Recuperar al turista.
Recuperar al inversionista.
Recuperar al comerciante.
Y, sobre todo, recuperar la tranquilidad de quienes viven aquí y que cada día tienen que decidir si el dinero alcanza para pagar la renta, la nómina o simplemente para llevar la comida a casa.
CORREMOS EL RIESGO
Porque Puerto Vallarta puede soportar muchas cosas.
Lo que difícilmente puede soportar indefinidamente es que mientras unos se pelean por el poder, la ciudad se quede peleando por sobrevivir.
Y ahí sí, mis queridos lectores, no vaya a ser que cuando termine la guerra por la silla… ya no quede ciudad para sentarse en ella.

