LAS VÍBORAS…LOS VILLANOS NO SIEMPRE GANAN

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LOS VILLANOS NO SIEMPRE GANAN

Hoy voy a escribir del otro lado de la moneda, para que veamos que hoy en día aún existe la decencia y las ganas de hacer bien las cosas. Nos hemos acostumbrado tanto a ver triunfar a los malos, que hasta parece que ya les tenemos apartado el lugar en primera fila.

En las películas, en las noticias y, para qué negarlo, también en la política y en la vida cotidiana, el delincuente suele aparecer con camionetota, escoltas, dinero a montones, mujeres, poder y una sonrisa de “a mí nadie me toca”. El corrupto presume propiedades, el criminal presume armas y el sinvergüenza presume impunidad.

Y uno termina pensando: “Pues así es la vida”. ¡Qué cómodo, ¿verdad?! Hasta parece que para que te vaya bien hay que aprender a portarse mal.

POLICÍAS FEDERALES 

Por eso resulta refrescante encontrarse con La captura, la nueva película de Netflix basada en hechos reales. Porque aquí no hay superhéroes con capa, músculos de acero ni tecnología de película gringa. Los protagonistas son dos policías federales, hombres comunes, de esos que seguramente uno podría encontrarse haciendo fila para comprar un café.

Y, sin embargo, terminaron frente a uno de los narcotraficantes más poderosos y buscados del mundo.

LES OFRECIERON DINERO

Claro que tuvieron miedo. ¿Quién no lo tendría? Recibieron amenazas, les ofrecieron dinero, pensaron en lo que podía pasarles a ellos y, sobre todo, a sus familias. Porque una cosa es jugarle al valiente en una cantina y otra muy distinta enfrentarse al crimen organizado sabiendo que las consecuencias pueden ser reales y terribles.

Pero hicieron algo que parece sencillo y que, en estos tiempos, resulta casi revolucionario: hicieron lo correcto.

No aceptaron el dinero. No se hicieron los desentendidos. No voltearon hacia otro lado. No dijeron aquello tan mexicano de “mejor no me meto porque luego para qué”.

Y ahí está la parte que más debería hacernos pensar.

NO REQUIRIERON 

Porque muchas veces preguntamos: “¿Y yo qué puedo hacer?”. Como si para cambiar las cosas necesitáramos ser Superman, Batman o mínimo tener una patrulla blindada.

Pues estos dos mexicanos demostraron que no.

A veces hacer lo que corresponde parece poca cosa. Cumplir con el trabajo. No venderse. No quedarse callado cuando toca hablar. No hacerse cómplice. No justificar al delincuente porque “todos lo hacen”.

LO CORRECTO

El problema es que hacer lo correcto puede ser muy fácil cuando no cuesta nada.

La verdadera prueba llega cuando cuesta el sueldo, la tranquilidad, la seguridad o incluso pone en riesgo a quienes uno quiere.

Y esos dos policías pasaron la prueba.

Por eso La captura vale más que una película entretenida. Nos recuerda que también existe ese México que casi nunca aparece en las historias de poder: el de la gente honesta que trabaja, que tiene miedo, pero no se arrodilla; el de hombres y mujeres que pueden ser presionados, amenazados o tentados con dinero y aun así deciden no venderse. Ese México existe.

Y quizá necesitamos hablar mucho más de él.

NO SON INVENCIBLES

Porque si todos los días les damos reflectores a los villanos, terminamos creyendo que son invencibles. Y no lo son.

Gracias a Francisco González Compeán por poner en pantalla una historia que, además de entretener, nos deja una cachetada de realidad: los malos no tienen garantizado el final feliz.

Pero tampoco nos engañemos, queridas víboras: el bien no gana por decreto, ni porque al final de la película suene música bonita.

Gana cuando alguien decide hacer lo correcto.

Cuando alguien dice que no. Cuando alguien no se vende. Cuando alguien, aun con miedo, da un paso al frente.

HAY GENTE DECENTE 

Porque los villanos pueden tener dinero, armas, poder y hasta buenos abogados.

Pero si todavía queda gente decente dispuesta a hacer su parte, entonces la historia no está perdida.

Y ahí está la verdadera moraleja: el bien sí puede vencer al mal… pero necesita que alguien tenga el valor de ponerse del lado correcto.

LOS VILLANOS NO SIEMPRE GANAN

Hoy voy a escribir del otro lado de la moneda, para que veamos que hoy en día aún existe la decencia y las ganas de hacer bien las cosas. Nos hemos acostumbrado tanto a ver triunfar a los malos, que hasta parece que ya les tenemos apartado el lugar en primera fila.

En las películas, en las noticias y, para qué negarlo, también en la política y en la vida cotidiana, el delincuente suele aparecer con camionetota, escoltas, dinero a montones, mujeres, poder y una sonrisa de “a mí nadie me toca”. El corrupto presume propiedades, el criminal presume armas y el sinvergüenza presume impunidad.

Y uno termina pensando: “Pues así es la vida”. ¡Qué cómodo, ¿verdad?! Hasta parece que para que te vaya bien hay que aprender a portarse mal.

POLICÍAS FEDERALES 

Por eso resulta refrescante encontrarse con La captura, la nueva película de Netflix basada en hechos reales. Porque aquí no hay superhéroes con capa, músculos de acero ni tecnología de película gringa. Los protagonistas son dos policías federales, hombres comunes, de esos que seguramente uno podría encontrarse haciendo fila para comprar un café.

Y, sin embargo, terminaron frente a uno de los narcotraficantes más poderosos y buscados del mundo.

LES OFRECIERON DINERO

Claro que tuvieron miedo. ¿Quién no lo tendría? Recibieron amenazas, les ofrecieron dinero, pensaron en lo que podía pasarles a ellos y, sobre todo, a sus familias. Porque una cosa es jugarle al valiente en una cantina y otra muy distinta enfrentarse al crimen organizado sabiendo que las consecuencias pueden ser reales y terribles.

Pero hicieron algo que parece sencillo y que, en estos tiempos, resulta casi revolucionario: hicieron lo correcto.

No aceptaron el dinero. No se hicieron los desentendidos. No voltearon hacia otro lado. No dijeron aquello tan mexicano de “mejor no me meto porque luego para qué”.

Y ahí está la parte que más debería hacernos pensar.

NO REQUIRIERON 

Porque muchas veces preguntamos: “¿Y yo qué puedo hacer?”. Como si para cambiar las cosas necesitáramos ser Superman, Batman o mínimo tener una patrulla blindada.

Pues estos dos mexicanos demostraron que no.

A veces hacer lo que corresponde parece poca cosa. Cumplir con el trabajo. No venderse. No quedarse callado cuando toca hablar. No hacerse cómplice. No justificar al delincuente porque “todos lo hacen”.

LO CORRECTO

El problema es que hacer lo correcto puede ser muy fácil cuando no cuesta nada.

La verdadera prueba llega cuando cuesta el sueldo, la tranquilidad, la seguridad o incluso pone en riesgo a quienes uno quiere.

Y esos dos policías pasaron la prueba.

Por eso La captura vale más que una película entretenida. Nos recuerda que también existe ese México que casi nunca aparece en las historias de poder: el de la gente honesta que trabaja, que tiene miedo, pero no se arrodilla; el de hombres y mujeres que pueden ser presionados, amenazados o tentados con dinero y aun así deciden no venderse. Ese México existe.

Y quizá necesitamos hablar mucho más de él.

NO SON INVENCIBLES

Porque si todos los días les damos reflectores a los villanos, terminamos creyendo que son invencibles. Y no lo son.

Gracias a Francisco González Compeán por poner en pantalla una historia que, además de entretener, nos deja una cachetada de realidad: los malos no tienen garantizado el final feliz.

Pero tampoco nos engañemos, queridas víboras: el bien no gana por decreto, ni porque al final de la película suene música bonita.

Gana cuando alguien decide hacer lo correcto.

Cuando alguien dice que no. Cuando alguien no se vende. Cuando alguien, aun con miedo, da un paso al frente.

HAY GENTE DECENTE 

Porque los villanos pueden tener dinero, armas, poder y hasta buenos abogados.

Pero si todavía queda gente decente dispuesta a hacer su parte, entonces la historia no está perdida.

Y ahí está la verdadera moraleja: el bien sí puede vencer al mal… pero necesita que alguien tenga el valor de ponerse del lado correcto.