EL CALIBRE DE LOS QUE SÍ CUMPLEN
Hay políticos que prometen hasta la luna y, cuando llega la hora de cumplir, ni siquiera encuentran el camino de regreso. Y hay otros que hablan poco, se comprometen y cumplen. Alfonso Bernal Romero pertenece, sin demasiadas vueltas, a la segunda especie.
Su principal característica no es precisamente la estridencia ni el protagonismo. Es algo mucho más difícil de encontrar en política: no ser malquedado. Si empeña su palabra, la cumple, y en una actividad donde muchas veces la promesa tiene fecha de caducidad al día siguiente de la elección, eso vale oro.
CONOCE LAS ENTRAÑAS
Alfonso Bernal no llega de improvisado. Ya conoce las entrañas de un Ayuntamiento, recordemos que fue director del Jurídico durante la administración de Gustavo González Villaseñor y posteriormente ocupó la Sindicatura en el gobierno de Javier Bravo Carbajal; es decir, no tendría que preguntarle a nadie dónde está la puerta de entrada ni qué significa sentarse en una oficina donde cada firma puede tener consecuencias legales, administrativas y políticas.
Fue, además, priista de hueso colorado. Ahora, por invitación de Juan Calderón Ibarría, tendrá su primera experiencia formal dentro del Partido Acción Nacional y aparece como una de las cartas para buscar nuevamente la Sindicatura.
Y aquí está el detalle que no debería pasar desapercibido: Bernal ya conoce el puesto.
CRITERIO Y FIRMA
La Sindicatura no es una posición decorativa. Es una de esas oficinas donde se necesita conocimiento jurídico, carácter, responsabilidad y, sobre todo, criterio, ya que por ahí pasan asuntos que requieren firma, revisión con lupa y sobre todo responsabilidad. Y siendo abogado, difícilmente a Alfonso se le escaparía una letra pequeña.
Para Juan Calderón, depositar confianza en una persona con ese perfil puede ser una decisión de mucho peso, porque una campaña se gana con votos, pero un gobierno se sostiene con capacidad.
TRAYECTORIA
Bernal Romero, además, viene de una familia de gente trabajadora. Tiene trayectoria empresarial y política, y durante años estuvo al frente de Arena Vallarta, aquel espacio de tradición charra ubicado por el rumbo de Las Palmas, donde se realizaron numerosos eventos que forman parte de la memoria de Puerto Vallarta.
Y no olvidemos el contexto político, hace dos años, Ramón Guerrero Martínez estuvo cerca de abollarle la corona a MORENA con Chuyita López de Michel. Aquella candidatura, para muchos, terminó siendo uno de los grandes errores electorales del partido guinda en Puerto Vallarta. Pero cuando parecía que la contienda podía tomar otro rumbo, apareció Luis Ernesto Munguía González por el Partido Verde y terminó quedándose con la presidencia municipal.
La política vallartense, pues, sigue demostrando que aquí nadie puede sentirse dueño de la pelota.
SU IRRUPCIÓN
Ayer, Alfonso Bernal volvió a irrumpir en la escena política. Y lo hizo no como improvisado, sino como un político en toda la extensión de la palabra, con experiencia, oficio y conocimiento de la administración pública.
Por eso, habrá que observar con cuidado esta dupla.
Porque Juan Calderón puede tener a su lado mucho más que a un candidato a síndico: puede tener a un hombre que conoce el Ayuntamiento desde adentro y que sabe perfectamente que una firma no se estampa con saliva, sino con responsabilidad.
EL CALIBRE
Y aquí viene la reflexión venenosa de Las Víboras: Juanito debería medir muy bien el peso y el calibre de la persona que tiene a un costado. Porque una cosa es llevar a alguien para llenar una planilla y otra muy distinta incorporar a alguien que puede convertirse en una pieza fundamental de un proyecto político.
Y hablando de Juan Calderón, tampoco es precisamente un desconocido en la historia política vallartense. Es nieto del doctor Efrén Calderón Arias, quien fuera presidente municipal, y de la señora Alma Ramírez, ambos ya fallecidos. Es, pues, heredero también de una historia familiar ligada a la vida pública de Puerto Vallarta.
APARECIDO
Además, Juan Calderón está casado con la conocida influencer y maquinista Alondra Godoy Bañuelos, una figura que tampoco pasa desapercibida en el escenario social y digital de la región.
Así que apenas empieza esta historia.
Y en Las Víboras ya sabemos que cuando un político reaparece con experiencia, relaciones, oficio y nombre propio, conviene no hacer como que no lo vimos.
Porque en política, a veces el verdadero peligro no está en quien grita más fuerte.
Está en el que conoce el camino, sabe dónde firmar y cumple lo que promete.

