¿DE VERDAD VIVIMOS MÁS SEGUROS?
Piensan que nos hacen tontos, al decir que han descendido las enormes cifras de inseguridad que actualmente estamos viviendo. Nada más alejando de la realidad que eso. Ahora dicen que las cifras no mienten. Aunque, para ser sinceros, tampoco salen a caminar de noche.
El INEGI acaba de informar que la percepción de inseguridad en México bajó al 59.8 por ciento. Es decir, seis de cada diez mexicanos todavía sienten que salir de casa es como participar en una rifa donde el premio mayor es regresar con cartera, celular y automóvil completos.
Pero, ¡ánimo!, antes eran casi siete. Vamos mejorando… aunque sea en la aritmética.
CUIDANDO LA CARTERA
Las conferencias de prensa celebran la noticia. Las gráficas apuntan hacia abajo. Los discursos hablan de estrategia. Y uno quisiera aplaudir… si no fuera porque el aplauso hay que darlo con una mano sujetando la cartera y la otra abrazando el teléfono.
Porque la percepción, dicen los expertos, no siempre refleja la realidad. Es verdad. Pero tampoco nace por generación espontánea. La percepción se construye con lo que la gente vive, escucha, presencia o teme.
MEJORAR NO SIGNIFICA
Y ahí aparece Jalisco. Mientras el promedio nacional presume una ligera mejoría, en nuestra tierra la historia tiene otro libreto. Guadalajara sigue figurando entre las ciudades donde la gente más desconfía de su tranquilidad cotidiana. Zapopan tampoco canta mal las rancheras. Y Puerto Vallarta… ¡ay, Puerto Vallarta!
Nuestro puerto, que durante años presumía ser uno de los destinos más seguros del país, todavía carga la resaca de aquellos episodios violentos que hicieron temblar más que cualquier huracán. Porque la confianza tarda años en construirse… pero basta una mañana de bloqueos, incendios y balaceras para que se desplome como castillo de arena frente al mar.
¡CARAMBA!
Y eso tiene consecuencias. El turista no sólo consulta el pronóstico del tiempo; también revisa el de seguridad. El inversionista pregunta primero por la estabilidad antes que por la plusvalía. El comerciante ya no teme únicamente a las ventas bajas, sino también a cerrar temprano por precaución.
La inseguridad no sólo roba pertenencias. También roba confianza. Y esa es mucho más difícil de recuperar.
CELEBRAN LAS DÉCIMAS
Lo curioso es que algunos políticos celebran cualquier reducción de décimas como si hubieran descubierto la vacuna contra el miedo. Parecen esos estudiantes que sacan seis después de reprobar cinco exámenes seguidos y organizan desfile con banda de guerra. “¡Vamos mejorando!”, dicen.
Sí… pero todavía falta que esa mejoría llegue a las banquetas, a los cajeros automáticos, al transporte público y a las carreteras, que siguen siendo los lugares donde más miedo siente la gente. Porque el ciudadano común no vive dentro de una gráfica del PowerPoint. Vive en la calle. Y la calle no entiende de porcentajes.
DOS CIUDADES
En Puerto Vallarta sucede algo todavía más interesante. Aquí convivimos con dos ciudades. La del folleto turístico, donde todo es atardeceres, ballenas, mariachi y margaritas.
Y la de los vallartenses, que saben perfectamente qué colonias evitar, a qué hora ya no conviene salir y dónde es mejor no detenerse ni para preguntar la hora. Dos realidades compartiendo el mismo código postal.
Eso no significa que todo esté perdido. Al contrario. Significa que la seguridad no puede medirse únicamente por una encuesta trimestral, sino por el día en que una madre deje de preocuparse porque su hijo tarda veinte minutos en regresar; por el momento en que un comerciante cierre su negocio porque terminó su jornada y no porque le dio miedo seguir abierto; por el instante en que caminar por el malecón vuelva a ser una rutina y no un acto de fe.
PARA ESO SIRVEN
Porque las encuestas sirven para medir el termómetro… pero no curan la fiebre.
Y mientras los gobiernos festejan décimas, el ciudadano seguirá haciendo lo mismo de siempre: mirar dos veces antes de subir al coche, revisar quién viene detrás y mandar el inevitable mensaje de WhatsApp:
—“Ya llegué.”
Porque, al final, la mejor encuesta sigue siendo esa, la que responde el corazón cuando uno sale de casa.
Y esa, por desgracia, todavía no aprueba con diez.

