LAS VÍBORAS…

¡QUE COMIENCE LA HUEVA… Y POR FAVOR, DEJEN LAS PANTUFLAS EN CASA!

Pues oficialmente ya estamos entrando en esa maravillosa temporada del año en la que el calendario deja de ser una agenda de obligaciones para convertirse en una auténtica invitación a la pachanga, la tragadera y, por supuesto, la hueva institucionalizada.
Porque, para fines prácticos, las fiestas de fin de año no comienzan con diciembre, como algunos despistados creen. ¡Qué va! Arrancan desde Halloween, cuando aparecen los disfraces, las calabazas y los primeros pretextos para celebrar; siguen con el Día de Muertos, entre ofrendas, recuerdos y visitas al panteón; se atraviesan con el Thanksgiving Day de nuestros vecinos del norte, cuando el pavo se convierte en protagonista; y de ahí nos seguimos derechito a las posadas, las reuniones navideñas, la Nochebuena, la Navidad, el Año Nuevo y, como gran cierre de temporada, la llegada de los Reyes Magos.

TENEMOS QUE RESISTIR

Son poco más de dos meses en los que la vida social se multiplica, las mesas nunca están vacías, las agendas se llenan de compromisos y los aeropuertos se convierten en auténticas romerías. Unos salen de vacaciones, otros regresan a casa, muchos visitan a la familia y no pocos aprovechan cualquier puente para darse una escapadita. Entre maletas, regalos, brindis, cenas y recalentados, terminamos celebrando prácticamente hasta que los Reyes Magos nos dicen que ya estuvo bueno.

AEROPUERTOS ATIBORRADOS

Y precisamente porque esta temporada es sinónimo de viajes, aeropuertos llenos y miles de personas compartiendo espacios, resulta que en Estados Unidos alguien decidió recordarnos que la fiesta y la comodidad no están peleadas con los buenos modales.
En noviembre de 2025, durante la administración de Donald Trump, el entonces secretario de Transporte, Sean Duffy, impulsó una campaña bajo el lema The Golden Age of Travel Starts With You (La edad dorada de los viajes empieza contigo), con una recomendación muy particular: dejar las pijamas y las pantuflas en casa cuando se viaja en avión.

NO ES LEY, PERO…

La intención era recuperar ciertas normas de cortesía, respeto y comportamiento entre los pasajeros. Nada de andar por las terminales como si el aeropuerto fuera la extensión de la recámara o la sala de la casa.
¡Y ahí les hablan a más de cuatro! Porque una cosa es viajar cómodamente y otra muy distinta confundir la sala de abordar con el dormitorio. Hay quienes llegan en pijama, pantuflas, greñas alborotadas y cara de que apenas los despertaron para llevarlos al avión. Y no falta quien considere que vestirse para viajar es una exageración propia de otros tiempos.
Eso sí, hay que aclararlo: la iniciativa estadounidense no fue una ley ni estableció una prohibición federal. Fue una recomendación de buenos modales; las condiciones de vestimenta siguen dependiendo de las políticas de cada aerolínea.

¿EN QUÉ MOMENTO?

Pero la reflexión no está de más: ¿en qué momento confundimos la comodidad con el abandono de las formas?
Que comiencen las fiestas, que suenen las castañuelas, que aparezcan los disfraces, las ofrendas, los pavos, las posadas y los brindis. Que nadie nos quite el derecho a disfrutar estos dos meses de bendita pachanga.
Pero, por favor, tampoco perdamos la compostura. Que una cosa es andar de fiesta y otra convertir el mundo entero en nuestra recámara.
¡Salud, víboras! Y si van a tomar un avión, por lo menos que las pantuflas se queden en casa. ¡No vaya a ser que hasta para viajar necesitemos que nos pongan orden!

domingo, noviembre 1, 2026
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¡QUE COMIENCE LA HUEVA… Y POR FAVOR, DEJEN LAS PANTUFLAS EN CASA!

Pues oficialmente ya estamos entrando en esa maravillosa temporada del año en la que el calendario deja de ser una agenda de obligaciones para convertirse en una auténtica invitación a la pachanga, la tragadera y, por supuesto, la hueva institucionalizada.
Porque, para fines prácticos, las fiestas de fin de año no comienzan con diciembre, como algunos despistados creen. ¡Qué va! Arrancan desde Halloween, cuando aparecen los disfraces, las calabazas y los primeros pretextos para celebrar; siguen con el Día de Muertos, entre ofrendas, recuerdos y visitas al panteón; se atraviesan con el Thanksgiving Day de nuestros vecinos del norte, cuando el pavo se convierte en protagonista; y de ahí nos seguimos derechito a las posadas, las reuniones navideñas, la Nochebuena, la Navidad, el Año Nuevo y, como gran cierre de temporada, la llegada de los Reyes Magos.

TENEMOS QUE RESISTIR

Son poco más de dos meses en los que la vida social se multiplica, las mesas nunca están vacías, las agendas se llenan de compromisos y los aeropuertos se convierten en auténticas romerías. Unos salen de vacaciones, otros regresan a casa, muchos visitan a la familia y no pocos aprovechan cualquier puente para darse una escapadita. Entre maletas, regalos, brindis, cenas y recalentados, terminamos celebrando prácticamente hasta que los Reyes Magos nos dicen que ya estuvo bueno.

AEROPUERTOS ATIBORRADOS

Y precisamente porque esta temporada es sinónimo de viajes, aeropuertos llenos y miles de personas compartiendo espacios, resulta que en Estados Unidos alguien decidió recordarnos que la fiesta y la comodidad no están peleadas con los buenos modales.
En noviembre de 2025, durante la administración de Donald Trump, el entonces secretario de Transporte, Sean Duffy, impulsó una campaña bajo el lema The Golden Age of Travel Starts With You (La edad dorada de los viajes empieza contigo), con una recomendación muy particular: dejar las pijamas y las pantuflas en casa cuando se viaja en avión.

NO ES LEY, PERO…

La intención era recuperar ciertas normas de cortesía, respeto y comportamiento entre los pasajeros. Nada de andar por las terminales como si el aeropuerto fuera la extensión de la recámara o la sala de la casa.
¡Y ahí les hablan a más de cuatro! Porque una cosa es viajar cómodamente y otra muy distinta confundir la sala de abordar con el dormitorio. Hay quienes llegan en pijama, pantuflas, greñas alborotadas y cara de que apenas los despertaron para llevarlos al avión. Y no falta quien considere que vestirse para viajar es una exageración propia de otros tiempos.
Eso sí, hay que aclararlo: la iniciativa estadounidense no fue una ley ni estableció una prohibición federal. Fue una recomendación de buenos modales; las condiciones de vestimenta siguen dependiendo de las políticas de cada aerolínea.

¿EN QUÉ MOMENTO?

Pero la reflexión no está de más: ¿en qué momento confundimos la comodidad con el abandono de las formas?
Que comiencen las fiestas, que suenen las castañuelas, que aparezcan los disfraces, las ofrendas, los pavos, las posadas y los brindis. Que nadie nos quite el derecho a disfrutar estos dos meses de bendita pachanga.
Pero, por favor, tampoco perdamos la compostura. Que una cosa es andar de fiesta y otra convertir el mundo entero en nuestra recámara.
¡Salud, víboras! Y si van a tomar un avión, por lo menos que las pantuflas se queden en casa. ¡No vaya a ser que hasta para viajar necesitemos que nos pongan orden!