NOMÁS UNO
Pues parece que ahora sí llegó la hora de la verdad.
Este domingo podría definirse quién cargará con la responsabilidad —y también con el costal de expectativas— de convertirse en el Coordinador Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.
Los reflectores están puestos sobre siete estados: Nayarit, San Luis Potosí, Tlaxcala, Nuevo León, Sonora, Baja California Sur y Chihuahua. Los equipos de quienes aspiran fueron convocados al World Trade Center de la Ciudad de México, donde seguramente habrá abrazos, sonrisas, café… y uno que otro nervio escondido detrás de la sonrisa.
Para Nayarit están en la pista Héctor Santana García, Geraldine Ponce Méndez, Pavel Jarero Velázquez y Jasmine Bugarín Rodríguez.
Cuatro nombres, una sola posición.
Y ahí está precisamente lo interesante: en política todos llegan diciendo que lo importante es la unidad, pero cuando solamente hay una silla disponible, hasta las sillas empiezan a ponerse nerviosas.
Habrá que esperar la decisión y, sobre todo, observar qué ocurre después de ella. Porque ganar una candidatura o una coordinación es una cosa; conseguir que quienes no ganaron se suban al mismo barco es otra muy distinta.
Así que, para los cuatro: suerte.
Y que gane… bueno, el que tenga que ganar.
OTRA VEZ
Y mientras en la Ciudad de México se reparten responsabilidades políticas, por estos rumbos hay responsabilidades mucho más terrenales que siguen sin encontrar quién las resuelva.
Los locatarios que rodean Villas Vallarta y Plaza Genovesa vuelven a padecer lo que ya parece una tradición poco turística: inundaciones y, para completar el paquete, malos olores que apuntan directamente a drenaje o aguas negras.
Otra vez. Porque ésa es precisamente la palabra que comienza a cansar: otra vez.
Llueve y vuelve el problema. Se inundan las calles, aparecen los encharcamientos y los bomberos municipales terminan entrando al quite para atender una situación que dejó de ser excepcional desde hace tiempo.
Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿Hasta cuándo una emergencia deja de ser emergencia y se convierte en un problema de infraestructura que debe resolverse de fondo?
Porque mandar personal a sacar agua sirve para apagar el incendio… perdón, para sacar el agua. Pero no elimina la causa.
Los comerciantes y locatarios no necesitan que cada temporada de lluvias llegue el mismo espectáculo con diferente fecha.
Necesitan una solución.
SIN MEDICAMENTOS
Y hablando de cosas que deberían ser normales, pero que terminan convirtiéndose en problema, está el caso de la prazosina, medicamento que algunos derechohabientes del IMSS aseguran que dejó de ser suministrado de manera regular.
La prazosina es un medicamento bloqueador alfa utilizado principalmente en el tratamiento de la hipertensión arterial. Y cuando el medicamento no aparece en la farmacia institucional, aparece otro problema: el derechohabiente tiene que comprarlo por su cuenta.
Y ahí es donde la cartera empieza a hacer presión.
Porque si un medicamento que forma parte de un tratamiento indicado por un médico no está disponible en la farmacia institucional, el paciente no puede simplemente decirle a su presión:
“Espérame tantito, hasta que haya”.
La presión arterial no entiende de inventarios, órdenes de compra ni problemas administrativos.
Y para quien vive al día, desembolsar alrededor de 350 pesos, según el precio que se está reportando para este medicamento en farmacias privadas, no es precisamente cosa menor.
El asunto, entonces, no es solamente cuánto cuesta una caja.
El asunto es que quien tiene derecho a recibir un tratamiento termina pagando de su bolsillo algo que esperaba encontrar en la institución a la que aporta.
Y ahí sí, el que esto escribe pregunta:
¿De qué sirve tener derecho a la atención médica si cuando llega la hora de surtir el medicamento hay que sacar la cartera?
Porque una cosa es que falte el medicamento un día.
Y otra muy distinta es que la falta de medicamentos empiece a convertirse en costumbre.
Y ya sabemos que en este país hay costumbres que, cuando se vuelven recurrentes, terminan pareciendo normales.
Y no deberían.

