¡Que no nos gane la curiosidad: los huracanes no vienen a tomarse la foto!
NO VIENEN A TOMARSE LA FOTO
Sin el afán de jugarle al meteorólogo ni de andar repartiendo pronósticos como si uno tuviera un satélite estacionado en la azotea, sí tengo el deber de advertir que hay que mantener los ojos bien abiertos, porque en temporada de huracanes, cuando uno apenas se despide, otro puede venir pisándole los talones.
Después de Simón, que comienza a alejarse de las costas del Pacífico mexicano, aparece en el panorama Trudy, un nombre que debemos seguir con atención y sin caer en alarmismos, pero tampoco en esa peligrosa confianza de quienes creen que, porque una tormenta no les hizo daño, todas las demás tendrán la misma cortesía.
LOS TRES NIVELES…
Si Simón movilizó a personal de Protección Civil de los tres niveles de gobierno, imaginemos por un momento lo que podría ocurrir si otro fenómeno llegara a representar una amenaza mayor. Eso sí: el tamaño, la trayectoria y la intensidad de cada sistema deben confirmarse con los reportes oficiales. En estos asuntos, la imaginación sirve para prevenir, no para sustituir a los meteorólogos.
Y ojalá que Trudy, como Simón, no deje desgracias que lamentar. Lo digo porque nunca faltan quienes, cuando el peligro pasa de largo, se quejan de que el huracán no llegó. ¡Válgame Dios! Como si estuviéramos esperando una banda musical y no un fenómeno capaz de arrancar techos, derribar árboles y poner vidas en riesgo.
LA OLA DEL KENNA
A esas almas sedientas de emociones fuertes les recuerdo aquella frase que solté cuando una ola del huracán Kenna nos hizo entender de qué tamaño puede ser la naturaleza: «El que con leche se quema, hasta al jocoque le sopla».
HASTA LOS ARCHIVOS
Y vaya que Puerto Vallarta tiene memoria. Basta recordar aquellas escenas en las que el oleaje golpeó con fuerza el malecón y la necesidad de resguardar documentos del Archivo Municipal en las partes altas del edificio. Si eso ocurre con el mar embravecido, ¿de verdad alguien quisiera averiguar qué pasaría si un huracán peligroso se acercara demasiado o permaneciera sobre nuestra región?
Porque una cosa es mirar las olas desde una ventana, con el teléfono listo para grabar, y otra muy distinta es ver cómo el agua invade calles, los vientos arrancan estructuras y las familias buscan dónde ponerse a salvo.
Por eso, más que pedir que un huracán llegue para satisfacer la curiosidad de algunos, deberíamos desear que Puerto Vallarta quede fuera de cualquier trayectoria peligrosa. Y si los modelos meteorológicos señalan riesgos para alguna región, lo sensato es seguir su evolución mediante fuentes oficiales, sin convertir las proyecciones en certezas anticipadas.
YA SE SIENTEN
Mientras tanto, Acapulco y las comunidades que pudieran estar bajo los efectos de estos fenómenos merecen nuestra solidaridad. Detrás de cada mapa meteorológico hay personas, hogares, comercios y familias que no necesitan convertirse en noticia por una tragedia.
La prevención no es exageración; es responsabilidad. Y que nadie confunda la prudencia con el miedo: el miedo paraliza, pero la prevención puede salvar vidas.
Porque los huracanes no son un espectáculo que se pide por encargo. Son una fuerza de la naturaleza ante la que conviene tener respeto, memoria y sentido común.
MÁS NOS VALE…
Y aquí, en Puerto Vallarta, más vale pecar de precavidos que terminar diciendo: “¡Quién iba a imaginarlo!”.
Seguiremos atentos a la información oficial. En estas cuestiones, más vale escuchar a tiempo que lamentar después.
Que tenga un buen fin de semana…

