Panteón Hidalgo: El reencuentro de los vivos con sus muertos ante el abandono de los servicios públicos

 

Por Carlos Hartig

 

Tepic.   El Panteón Hidalgo de Tepic, con más de un siglo y medio de historia desde su fundación en el siglo XIX, se consolidó nuevamente este 2 de noviembre como el epicentro de la memoria y la tradición para miles de familias tepicenses. Durante la jornada del Día de Muertos, los pasillos del histórico recinto recobraron vida tras recibir una afluencia constante de visitantes que acudieron a dar mantenimiento, adornar y rendir tributo en los sepulcros de quienes se adelantaron en el camino.

 

Pese a la solemnidad y el arraigo de la conmemoración, la jornada se vio empañada por deficiencias operativas en el recinto. Visitantes expresaron su inconformidad ante la falta de suministro de agua potable en los estanques y piletas del panteón, una carencia crítica en la fecha de mayor demanda del año. La desatención obligó a decenas de familias a costear e ingresar agua en embotellados o garrafones por su propia cuenta para poder lavar lápidas, mezclar pintura y mantener frescas las arreglos florales depositados.

 

El contraste entre el folclor institucional y las deficiencias del lugar quedó de manifiesto tras concluir el «Festival de las Almas Eternas», evento impulsado en días previos por el Ayuntamiento de Tepic a lo largo de la Calzada del Panteón. Mientras la vía pública contó con despliegue de puestos, adornos y recorridos culturales, al interior del recinto de descanso eterno los ciudadanos tuvieron que asumir los costos y contratiempos generados por la falta de insumos básicos para la limpieza.

 

Aun con los inconvenientes logísticos, las tumbas del Panteón Hidalgo se transformaron en puntos de reunión donde coincidieron hasta tres generaciones de una misma familia. Entre música de mariachi y agrupaciones locales, comida compartida a pie de tumba y jornadas de trabajo manual, los asistentes convirtieron la estancia en una extensión del hogar, preservando la transmisión oral de la historia familiar a través del relato de anécdotas hacia los integrantes más jóvenes.

 

La conmemoración del 2 de noviembre volvió a evidenciar el tejido social de la capital nayarita, donde el luto se entrelaza de forma natural con la celebración. Retratos antiguos, velas, arreglos de flor de cempasúchil y recuerdos personales vistieron las áreas del cementerio, reafirmando una de las costumbres más representativas de la cultura mexicana dentro de uno de los espacios con mayor valor arquitectónico y funerario de la ciudad.

 

El saldo de la jornada refleja la vigencia de una tradición que sobrepasa las carencias de infraestructura urbana: los ciudadanos de Tepic continúan acudiendo de manera masiva al Panteón Hidalgo para mantener vivo el vínculo con sus difuntos, reafirmando que el recuerdo trasciende las fallas operativas de los servicios municipales.

 

lunes, noviembre 2, 2026
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Por Carlos Hartig

 

Tepic.   El Panteón Hidalgo de Tepic, con más de un siglo y medio de historia desde su fundación en el siglo XIX, se consolidó nuevamente este 2 de noviembre como el epicentro de la memoria y la tradición para miles de familias tepicenses. Durante la jornada del Día de Muertos, los pasillos del histórico recinto recobraron vida tras recibir una afluencia constante de visitantes que acudieron a dar mantenimiento, adornar y rendir tributo en los sepulcros de quienes se adelantaron en el camino.

 

Pese a la solemnidad y el arraigo de la conmemoración, la jornada se vio empañada por deficiencias operativas en el recinto. Visitantes expresaron su inconformidad ante la falta de suministro de agua potable en los estanques y piletas del panteón, una carencia crítica en la fecha de mayor demanda del año. La desatención obligó a decenas de familias a costear e ingresar agua en embotellados o garrafones por su propia cuenta para poder lavar lápidas, mezclar pintura y mantener frescas las arreglos florales depositados.

 

El contraste entre el folclor institucional y las deficiencias del lugar quedó de manifiesto tras concluir el «Festival de las Almas Eternas», evento impulsado en días previos por el Ayuntamiento de Tepic a lo largo de la Calzada del Panteón. Mientras la vía pública contó con despliegue de puestos, adornos y recorridos culturales, al interior del recinto de descanso eterno los ciudadanos tuvieron que asumir los costos y contratiempos generados por la falta de insumos básicos para la limpieza.

 

Aun con los inconvenientes logísticos, las tumbas del Panteón Hidalgo se transformaron en puntos de reunión donde coincidieron hasta tres generaciones de una misma familia. Entre música de mariachi y agrupaciones locales, comida compartida a pie de tumba y jornadas de trabajo manual, los asistentes convirtieron la estancia en una extensión del hogar, preservando la transmisión oral de la historia familiar a través del relato de anécdotas hacia los integrantes más jóvenes.

 

La conmemoración del 2 de noviembre volvió a evidenciar el tejido social de la capital nayarita, donde el luto se entrelaza de forma natural con la celebración. Retratos antiguos, velas, arreglos de flor de cempasúchil y recuerdos personales vistieron las áreas del cementerio, reafirmando una de las costumbres más representativas de la cultura mexicana dentro de uno de los espacios con mayor valor arquitectónico y funerario de la ciudad.

 

El saldo de la jornada refleja la vigencia de una tradición que sobrepasa las carencias de infraestructura urbana: los ciudadanos de Tepic continúan acudiendo de manera masiva al Panteón Hidalgo para mantener vivo el vínculo con sus difuntos, reafirmando que el recuerdo trasciende las fallas operativas de los servicios municipales.