Por Carlos Hartig
TEPIC, NAYARIT. En pleno Día de la Resistencia Indígena, la dignidad de los pueblos originarios de Nayarit retumbó con furia a las afueras de un Palacio de Gobierno cobardemente cerrado y blindado por la burocracia. Convocados por el Colectivo 12 de Octubre y encabezados por la activista Marina Carrillo Díaz, cientos de manifestantes protestaron para arrancarles la careta a unos gobernantes indolentes que se escudan en falsas contingencias climáticas para huir de sus obligaciones, dejando en total estado de indefensión a las comunidades más vulnerables del estado.
El grito más desgarrador de la jornada fue la exigencia implacable de justicia ante la brutalidad del feminicidio de Lixi Coral Jiménez Carrillo, una joven indígena de apenas 19 años de edad cuya vida fue arrebatada en la total impunidad. Las portavoces denunciaron la absoluta inepcia y complicidad de las instituciones estatales encargadas de impartir justicia, las cuales ignoran cínicamente las agresiones sistemáticas y el terror que azotan a las mujeres y a los territorios originarios, confirmando que la vida de una mujer indígena no vale nada para los actuales gobernantes.
La embestida más dura recayó directamente contra el gobernador del estado, Miguel Ángel Navarro Quintero, a quien acusaron de traicionar a la sierra con un rosario de promesas vacías que hoy se traducen en tumbas cavadas por la negligencia oficial. Las comunidades le reprocharon enérgicamente que su discurso de transformación es una farsa, recordándole que en zonas marginadas del municipio de Del Nayar —como Zoquipan y el Hospital del Risco— la salud pública es una burla macabra: clínicas sin doctores, desabastecimiento total de medicamentos y muertes cotidianas tan absurdas como prevenibles por simples picaduras de alacrán. Le exigieron cuentas claras sobre la ambulancia que prometió fanfarronear en su campaña política y que jamás entregó, así como por los caminos intransitables que continúan asfixiando y matando lentamente a las familias serranas ante la indolencia criminal del Ejecutivo estatal.
Lejos de mostrar empatía, la clase política local y los operadores del régimen fueron exhibidos como una mafia electorera. Las comunidades reprocharon que el Instituto Indigenista del Estado de Nayarit y los ayuntamientos municipales operan única y exclusivamente como agencias de publicidad partidista, gastando recursos públicos en campañas anticipadas mientras ignoran el dolor punzante y las carencias criminales que asfixian a la población. Asimismo, la exigencia educativa dejó en claro el desprecio institucional: la zona sur del Nayar sigue marginada, negándoles preparatorias y una universidad intercultural que rescate y fortalezca la identidad de las nuevas generaciones.
Sin embargo, el descontento también estalló contra la representación legislativa en el Congreso del Estado, exhibida por mantener una deuda histórica e imperdonable y operar mediante cínicos despojos hacia los pueblos indígenas. Las comunidades destaparon el modus operandi de la curul, señalando que bajo la falsa promesa de entregar láminas y materiales de construcción, se despojó y extorsionó sistemáticamente a familias de diversas localidades exigiéndoles la suma exacta de $3,000 pesos por persona en padrones que superan los 30 afectados por comunidad. El recurso económico de miles de pesos cobrados en efectivo se lo embolsaron, el material jamás llegó y hoy los pobladores exigen públicamente que se devuelva hasta el último centavo o que la ley castigue con todo el peso penal a la representante por saquear a quienes juró defender.
Para los pueblos originarios de Nayarit, la simulación institucional de Miguel Ángel Navarro Quintero y sus aliados ha llegado a su límite y la paciencia se agotó frente a tanta traición. Advirtieron que no tolerarán más gobernantes sordos, legisladores corruptos ni funcionarias rapaces que se llenan la boca hablando de bienestar mientras roban a los pobres; por lo que exigieron que dejen de pensar en su futuro político, devuelvan lo robado y comiencen a gobernar con verdad y respeto.

