LAS VÍBORAS…¿Y AHORA QUÉ SIGUE?

spot_img

¿Y AHORA QUÉ SIGUE?

Después de la fiesta viene la cruda. Y vaya que el Mundial 2026 dejó una resaca de números, promesas y realidades que ya no pueden esconderse detrás de una ola de aficionados con sombrero de charro y una trompeta desafinada.
Terminó la primera Copa del Mundo organizada por tres países: Canadá, Estados Unidos y México. Un experimento que, hay que reconocerlo, funcionó en lo deportivo y en lo logístico. Y si alguien volvió a robarse los reflectores, como ya es costumbre, fue la afición mexicana. No importa si el partido era en Guadalajara, Monterrey, Ciudad de México, Los Ángeles o Toronto; ahí estaban los mexicanos poniendo color, alegría y ese ambiente que hace creer al mundo que aquí el fútbol no se juega… se vive.

ABONOS DE ESPERANZA

Y nuestra Selección, ¡ay, nuestra Selección! Esa experta en vender esperanza por abonos. Por momentos nos hizo creer que esta vez sí era diferente, que el famoso “quinto partido” ya era historia y que ahora la cita era con la gloria. Hasta que apareció Inglaterra, nos dio un baño de realidad y nos despertó del sueño con la misma delicadeza con la que despierta el cobrador del banco: sin compasión.

LA CARRERA MEDIÁTICA

Pero tampoco hay que regatear méritos. Jalisco terminó ganándole la carrera mediática a la Ciudad de México y a Nuevo León. Guadalajara volvió a demostrar que sabe organizar eventos de talla mundial, que tiene infraestructura, capacidad y una afición que responde. En eso, ni cómo discutirlo.
Lo que sí merece una conversación menos festiva son los números.

LO QUE NOS VENDIERON

Porque mientras durante meses nos vendieron una lluvia de dólares, una invasión de turistas y una derrama económica casi celestial, la realidad decidió jugar otro partido.
Al final llegaron apenas 494 mil turistas nacionales e internacionales, muy por debajo de lo esperado. Los altos costos, los precios disparados y ese famoso “efecto desplazamiento” hicieron que muchos visitantes simplemente decidieran mirar el Mundial por televisión… desde otra ciudad.
Y si hablamos de dinero, la diferencia también fue digna de un marcador escandaloso. Se hablaba de más de 65 mil millones de pesos de impacto económico; la realidad terminó rondando los 45 mil millones. Nada despreciable, desde luego, pero muy lejos de las fanfarrias con las que se anunció el torneo.

LA GRAN AUSENTE

Otro detalle que llamó poderosamente la atención fue la ausencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en todos los partidos celebrados en territorio mexicano. El argumento fue el elevado costo de los boletos. Curioso, porque sí apareció en la gran final como invitada del presidente Donald Trump, compartiendo palco con el primer ministro canadiense Mark Carney.
Quizá alguien recordó aquellas imágenes que ningún presidente quisiera revivir: Gustavo Díaz Ordaz en 1970 y Miguel de la Madrid en 1986 siendo recibidos con una rechifla monumental en los estadios. Hay silbidos que duran apenas unos segundos… y otros que permanecen durante décadas en la memoria colectiva.

MERECÍA GANAR

Y mientras tanto, España llegó, jugó como los grandes y terminó levantando la Copa para bordar su segunda estrella mundialista. Fue superior de principio a fin. Argentina, con todo y Lionel Messi —ese genio que terminó de convertirse en leyenda precisamente en las canchas españolas—, simplemente encontró un rival mejor. En el fútbol, como en la vida, los nombres pesan… pero los equipos ganan.

NUNCA LO FUE

Y entonces viene la pregunta que más duele por estos rumbos… ¿Qué le quedó a Puerto Vallarta?
Porque durante meses escuchamos que seríamos “la playa del Mundial”; que los turistas desbordarían el malecón; que los hoteles no se darían abasto; que los Pueblos Mágicos vivirían una época dorada y que la bonanza alcanzaría hasta el último vendedor de cocos.
Al final, la herencia visible parece reducirse a una domósfera que formó parte del complejo Fan Fest de 60 millones de pesos y a un título publicitario que nunca terminó de convertirse en realidad.
Los grandes beneficios prometidos simplemente no llegaron.

¿Y LOS PUEBLOS QUÉ?

Los Pueblos Mágicos tampoco vivieron ese auge anunciado con tanto entusiasmo. Y ahora comenzará el campeonato favorito de muchos funcionarios: el de las justificaciones.
Que si el tipo de cambio…
Que si los boletos…
Que si la economía mundial…
Que si el calor…
Que si la lluvia…
Que si Mercurio estaba retrógrado.
Siempre aparece un culpable… menos quien hizo las cuentas alegres.
Porque los mundiales pasan, las fotografías oficiales se guardan, los discursos se olvidan y las playeras terminan en el fondo del clóset.
Pero las inversiones públicas, las expectativas generadas y las promesas incumplidas… esas sí permanecen.

LOS BENEFICIOS

Al final del día, el verdadero marcador no se mide por los goles anotados en la cancha, sino por los beneficios que realmente llegaron a la gente.
Y en ese partido… mucho me temo que todavía seguimos esperando el silbatazo final.

¿Y AHORA QUÉ SIGUE?

Después de la fiesta viene la cruda. Y vaya que el Mundial 2026 dejó una resaca de números, promesas y realidades que ya no pueden esconderse detrás de una ola de aficionados con sombrero de charro y una trompeta desafinada.
Terminó la primera Copa del Mundo organizada por tres países: Canadá, Estados Unidos y México. Un experimento que, hay que reconocerlo, funcionó en lo deportivo y en lo logístico. Y si alguien volvió a robarse los reflectores, como ya es costumbre, fue la afición mexicana. No importa si el partido era en Guadalajara, Monterrey, Ciudad de México, Los Ángeles o Toronto; ahí estaban los mexicanos poniendo color, alegría y ese ambiente que hace creer al mundo que aquí el fútbol no se juega… se vive.

ABONOS DE ESPERANZA

Y nuestra Selección, ¡ay, nuestra Selección! Esa experta en vender esperanza por abonos. Por momentos nos hizo creer que esta vez sí era diferente, que el famoso “quinto partido” ya era historia y que ahora la cita era con la gloria. Hasta que apareció Inglaterra, nos dio un baño de realidad y nos despertó del sueño con la misma delicadeza con la que despierta el cobrador del banco: sin compasión.

LA CARRERA MEDIÁTICA

Pero tampoco hay que regatear méritos. Jalisco terminó ganándole la carrera mediática a la Ciudad de México y a Nuevo León. Guadalajara volvió a demostrar que sabe organizar eventos de talla mundial, que tiene infraestructura, capacidad y una afición que responde. En eso, ni cómo discutirlo.
Lo que sí merece una conversación menos festiva son los números.

LO QUE NOS VENDIERON

Porque mientras durante meses nos vendieron una lluvia de dólares, una invasión de turistas y una derrama económica casi celestial, la realidad decidió jugar otro partido.
Al final llegaron apenas 494 mil turistas nacionales e internacionales, muy por debajo de lo esperado. Los altos costos, los precios disparados y ese famoso “efecto desplazamiento” hicieron que muchos visitantes simplemente decidieran mirar el Mundial por televisión… desde otra ciudad.
Y si hablamos de dinero, la diferencia también fue digna de un marcador escandaloso. Se hablaba de más de 65 mil millones de pesos de impacto económico; la realidad terminó rondando los 45 mil millones. Nada despreciable, desde luego, pero muy lejos de las fanfarrias con las que se anunció el torneo.

LA GRAN AUSENTE

Otro detalle que llamó poderosamente la atención fue la ausencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en todos los partidos celebrados en territorio mexicano. El argumento fue el elevado costo de los boletos. Curioso, porque sí apareció en la gran final como invitada del presidente Donald Trump, compartiendo palco con el primer ministro canadiense Mark Carney.
Quizá alguien recordó aquellas imágenes que ningún presidente quisiera revivir: Gustavo Díaz Ordaz en 1970 y Miguel de la Madrid en 1986 siendo recibidos con una rechifla monumental en los estadios. Hay silbidos que duran apenas unos segundos… y otros que permanecen durante décadas en la memoria colectiva.

MERECÍA GANAR

Y mientras tanto, España llegó, jugó como los grandes y terminó levantando la Copa para bordar su segunda estrella mundialista. Fue superior de principio a fin. Argentina, con todo y Lionel Messi —ese genio que terminó de convertirse en leyenda precisamente en las canchas españolas—, simplemente encontró un rival mejor. En el fútbol, como en la vida, los nombres pesan… pero los equipos ganan.

NUNCA LO FUE

Y entonces viene la pregunta que más duele por estos rumbos… ¿Qué le quedó a Puerto Vallarta?
Porque durante meses escuchamos que seríamos “la playa del Mundial”; que los turistas desbordarían el malecón; que los hoteles no se darían abasto; que los Pueblos Mágicos vivirían una época dorada y que la bonanza alcanzaría hasta el último vendedor de cocos.
Al final, la herencia visible parece reducirse a una domósfera que formó parte del complejo Fan Fest de 60 millones de pesos y a un título publicitario que nunca terminó de convertirse en realidad.
Los grandes beneficios prometidos simplemente no llegaron.

¿Y LOS PUEBLOS QUÉ?

Los Pueblos Mágicos tampoco vivieron ese auge anunciado con tanto entusiasmo. Y ahora comenzará el campeonato favorito de muchos funcionarios: el de las justificaciones.
Que si el tipo de cambio…
Que si los boletos…
Que si la economía mundial…
Que si el calor…
Que si la lluvia…
Que si Mercurio estaba retrógrado.
Siempre aparece un culpable… menos quien hizo las cuentas alegres.
Porque los mundiales pasan, las fotografías oficiales se guardan, los discursos se olvidan y las playeras terminan en el fondo del clóset.
Pero las inversiones públicas, las expectativas generadas y las promesas incumplidas… esas sí permanecen.

LOS BENEFICIOS

Al final del día, el verdadero marcador no se mide por los goles anotados en la cancha, sino por los beneficios que realmente llegaron a la gente.
Y en ese partido… mucho me temo que todavía seguimos esperando el silbatazo final.