A un mes del atentado que casi le cuesta la vida, el activista y defensor ambiental Erik Eduardo Saracho Aguilar rompe el silencio con un mensaje contundente: sobrevivió “milagrosamente” y sin daños irreparables, tras un ataque armado ocurrido en San Pancho, Nayarit.
El hecho, que lo dejó gravemente herido, marcó un antes y un después. “La vida y la muerte se encontraron en la puerta de mi casa… y la vida decidió quedarse”, expresa, al describir el momento crítico en el que, desangrándose y sin poder salir por temor a que sus agresores lo esperaran afuera, envió un desesperado mensaje de auxilio.
Eran las 6 de la mañana. Sin respuesta inmediata de sus contactos más cercanos, recurrió a la Res de periodistas de Puerto Vallarta. Ese audio —en el que pedía una ambulancia y presencia policial— detonó la movilización que, asegura, le salvó la vida.
Hoy, Saracho no solo reconoce ese momento como un punto clave en su supervivencia, sino que también lanza un mensaje de gratitud profunda a quienes intervinieron: desde su esposa, Gabriela Loreto —quien contuvo la hemorragia y coordinó su traslado—, hasta personal médico, fuerzas de seguridad, periodistas, autoridades y redes de apoyo.
El activista también destacó el respaldo institucional recibido tras el atentado, así como la respuesta de la sociedad civil, particularmente de jóvenes que se manifestaron bajo la consigna “#TodosSomosErikSaracho”.
Más allá del agradecimiento, su mensaje deja ver una postura firme frente al contexto de violencia e impunidad que persiste: advierte que la defensa del territorio, el medio ambiente y la legalidad no debe ceder ante la intimidación.
“A un mes de permanecer vivo, agradezco el privilegio de vivir en paz, sin miedo y en libertad”, señala, aunque reconoce que el proceso de recuperación física y emocional continúa.
El atentado no solo expuso la vulnerabilidad de quienes defienden causas sociales y ambientales, sino que también evidenció la fuerza de las redes de apoyo que, en este caso, marcaron la diferencia entre la vida y la muerte.



